viernes, 12 de abril de 2013

Noches de desvelo.

Esta oscura y fría noche, es de aquellas en las que los pensamientos ahogan como el mar con la corriente más fuerte, perdiendo así la vida en tan solo unos segundos o minutos si el aire dentro de mis pulmones resiste un poco más, pero al final, el resultado será el mismo; al igual que lo ha venido siendo en los últimos dos meses, una lagrima tras otra, ese es el resultado de mis largas noches y mis pensamientos ahogados.

Son las 12 de la media noche, la cama aún sigue fría y la luna me mira con el rabillo de su punta derecha, penetrando su resplandor por los cristales de la habitación que solo habito yo, las paredes están llenas de fotografías rotas, rayones sin rumbo fijo y algunas prendas arrojadas al suelo como si de deshacerme de ellas se tratara; el suelo de madera tiene algunas migajas de comida y mi cuerpo frio y casi sin vida descansa sobre él, los poros de mi piel se levantan sin alabanza y mis piernas, una encima de la otra, se exhiben para ellas mismas, dejándose tocar por aquel hermoso resplandor.

Observo los calcetines que calientan mis pies, no son iguales, pero ¿Por qué tienen que serlo? Me pregunto mientras los subo hasta la mitad de mis pantorrillas, y bajo el sweater que ya va por la mitad de mi cintura; el espejo ovalado esta bajo la cama y al agarrarlo, siento que pesa más que la última vez que lo tome en mis manos, observo mi cara; piel blanca, ojos cafés llenos de ojeras, y algunas lágrimas deslizándose de allí, labios pálidos, resecos y malgastados, mejillas hundidas y cejas agachadas, un poco de flequillo sobre la frente y el resto de mi cabello tirado en aquel frio suelo.

Ya ni siquiera logro entender que ha pasado, de nadie es la culpa lo sé, pero necesito no sentirme culpable y ahora, culpo al exterior, por eso Como todos los de afuera, Me enamore, me enamore como lo hace cualquier idiota, así me enamore. 



















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